Fran acaba de conseguir su tercer ascenso. Hace tiempo que decidió emigrar. Tras años de sacrificio, sus familiares y amigos le dan la enhorabuena y comparten su admiración con un “te lo mereces, todo esfuerzo tiene su recompensa”. Por desgracia, Fran no es feliz.
Cuando terminó la carrera, sus compañeros hubieran dado cualquier cosa por ser ‘mileuristas’. Eran tiempos difíciles. No obstante, Fran, siendo un joven ambicioso, decidió probar suerte en el extranjero, donde las oportunidades abundan y la gente gana mucho más.
Sin duda, Fran ha conseguido su objetivo, aunque pronto se dará cuenta de que tiene poco que celebrar.
En su nueva ciudad, Fran no ha visto el sol en cuatro semanas. Por si fuera poco, no amanece hasta las nueve y a las cuatro ya es de noche. A pesar de disfrutar de la variedad cultural y las ofertas de ocio, echa de menos el mar, las terrazas, el deporte al aire libre, la comida de su país y el calor de su gente.
Es cierto que esta aventura le ha permitido dominar un segundo idioma, enriquecerse de diferentes culturas y aprender de los mejores profesionales de su sector. Pero hay algo que Fran ha perdido en este proceso: su calidad de vida.
Fran se ha dado cuenta de que las cosas que más añora no se compran con dinero.
Millones de personas despiertan cada mañana deseando ganar más, pero pocos se paran a pensar en las cosas que el dinero no puede comprar.
La clave está en entender la diferencia entre valor y precio.

Valor es el disfrute, placer o conveniencia que alguien o algo proporciona. Precio es simplemente valor medido en dinero.
El hecho de que el precio de algo sea único no significa que su valor también lo sea. Mientras que el precio viene fijado por la sociedad (o como diría un economista, por la oferta y la demanda), el valor es subjetivo.
Solo tú tienes el poder de decidir el valor de las cosas. No permitas que la presión social, las campañas publicitarias, o las redes sociales te quiten ese poder.
Fran siempre pensó en aumentar su sueldo en el extranjero, sin preguntarse por un instante si sería capaz de convertir ese dinero en el estilo de vida que él valora. De la misma forma, muchas personas acaban trabajando en el lugar equivocado, con el jefe equivocado, o en un entorno de trabajo tóxico.

Sea cual sea el motivo, si “ganar más” no te proporciona el estilo de vida que deseas, significa que has sobrevalorado lo que el dinero puede hacer por ti.
Además de no haber conseguido lo que realmente quieres, tu nuevo estilo de vida y circulo social suelen crear nuevas “necesidades” que antes no tenías. ¿Acaso crees que un aumento en tus ingresos no te motiva a gastar más? Cuando te rodeas de compañeros y amistades con un alto poder adquisitivo, tu estilo de vida cambia. Porque te lo has ganado; porque has trabajado duro para conseguir llegar a donde estás; porque puedes.

Esto significa que Fran no solo ha perdido calidad de vida para conseguir su sueldo, sino que también se ha convencido a sí mismo de que lo necesita. Fran ha creado su própia prisión psicológica, donde el dinero (a pesar de ser una simple unidad de medida) ha cobrado más importancia que el valor de las cosas.
Querer más dinero no tiene nada de malo, siempre y cuando no pierdas de vista el cómo y el porqué.




